in memoriam

                                   A mi madre;
                                   el principio.

Habito las paredes
de esta casa
–lugar de encuentro–
nacida de un sueño
que hicisteis posible.
Revivo sus luces y abro
sus ojos, caliento su hogar…
y sólo entonces, a tu lado,
reanudo los pasos
que quedaron dormidos en el jardín.

Mil veces despacio, repetidos.
Las margaritas, el geranio,
esa rosa…,  aquél árbol.
Jardinera implacable
–simetría y orden–
guardián de la memoria
que no debe perderse.

Ahora, ya sin ti, recorro
de nuevo este jardín y
como autómata repito los gestos,
rehago las tareas y miro por tus ojos
esta tierra que siento
como mi propia carne,
como el centro de mi memoria.

Santiago de la Ribera,
‌La Solana.  20/03/21

Lo sencillo perdido

Mientras buscamos modos

para enjuagar nuestras bocas
del amargo sabor que no dejan los días,
el cinismo nos duele
al abrir la ventana,
como un golpe de aire
en el rostro perplejo.

Amagamos,  a tientas,
por el cuarto oscuro,
pretendiendo ser dignos,
notables, seguros.
¡Qué risa!

Nuestra imagen retorna
aunque no nos miremos.
Nos cambiamos los nombres
para no ser nosotros.

Y vestidos de hombres
separamos el aire
y ocupamos espacio
–por no ser vacío–.

Olvidadas, las cosas sencillas
se nos mueren.
Lo que fue cotidiano:
el tacto, el beso,
tocarnos, aspirar el aroma querido,
dormir a tu lado…
la mano de un hijo…

Restos del naufragio

Abandonos y naufragios

Hay un hombre que piensa
dentro de mi.
Porque el otro lo contiene calla,
con la mordaza
del prejuicio o el miedo;
la buena educación como coartada.

Hay un hombre
que cuando habla
ofende, sorprende o irrita.
Hay un hombre en mí
que lo contempla todo
con perspectiva.
Escucha y aprende
y a menudo, olvida.

Hay en mi
otro hombre
que guarda los restos del naufragio.

Si todavía me amas

Mi mano ha de tocarte
Te besará mi alma
Y acogido en tus brazos
Me encontrarán mañana.

Que nadie nos pregunte
Si nuestro amor se apaga,
Respondan tus suspiros
Que están sobre la almohada
Donde anoche dormimos,
Donde anoche te amara.

Mi boca ha de rozarte,
Como a una nube blanca
Y libarán mis labios
En tus mejillas claras
Y se abrirá tu cuerpo
Cuando nos roce el alba.

Si todavía me amas,
Habrá quien te pregunte…
¡A nadie importa nada!

Y acogida en mis brazos
Continuarás mañana.

Hago la maleta

 

El corazón en la maleta (en el poema "Hago la maleta")

 

 

 

 

 

 

Hago la maleta.

Cargada de dudas y empeños.
Seré breve.

Y tomo el camino que aparece en medio.
Para recorrerlo todo,
Agotar los pasos.
Y no se si voy…
O no se si vengo.

Hago la maleta sin ningún recuerdo
De ningún pasado.
A paso ligero emprendo la marcha.
Reanudo un viaje que nunca ha pausado.

LA TI DO.

A veces contigo
A menudo a solas.

Cargo la maleta con hebras de olvido.
La carga es ligera.
Y dejo mis huellas sobre el blando lienzo,
Por un breve espacio las guarda la tierra…

Para este camino que lleva al principio,
apuro los besos de las despedidas
largo las amarras con formas de abrazos.

Mil años, mil miedos, mil dudas…
Raíz del desastre
Que viaja conmigo.

Hago la maleta. La arrastro y no pesa.
No me busques. No esperes.

Camino.

Rimas breves.

En mi jardín cultivada,
logré la rosa más fina.
No fue
de afinar tanto,
que fue
de clavarme espinas.

———00———

Primavera es una nota
En el aire suspendida;

Primavera es un color
Que acude a nuestras pupilas;

Primavera es un aroma
Que el viento nos trae y nos quita;

Primavera es la estación
Que la vida multiplica.

———00———

Tengo, en el pecho,
Un dolor
Que es del amor
Una herida;
Por ella escapa la vida
A golpes de corazón.

———00———

El conjugar las palabras
No es una virtud,
Ni es un vicio;
Es corazón
Y es oficio.

Llamarte

Llamarte

Clavándome tu nombre
Mi propia voz
He sentido.

Clavándome tu nombre
Con ahínco,
Como palpitación,
Como espinas
Ciñéndome las sienes.

Tu nombre
Propio nombre,
Mi voz, mi boca

Como enemiga
Hundía tu nombre
En mi latido;
Arrítmica la voz
Profundo el grito

Y reticente,
Su vuelo sin rumbo
Mil veces me golpea.

Garganta que no alcanzo
A imaginarme,
Agigantada,
Pulsa las cuerdas del sonido,
Su timbre bocal para llamarte:
Herida, desgarrada
En las raíces mismas
De su origen.

Ejército, etéreamente tuyo,
Que ignora la derrota.

Burbujas en el agua

Efectos gotas

 

He tendido las manos
desafiando al vacío
y he abierto la boca
sin alcanzar palabra.

Como pez, en su globo de agua
frente al vidrio
muevo mi boca.

Rigidez imposible del gesto
que espera…
Y no cree,
porque sabe.

Compromisos, demoras,
palabras vacías;
nada + nada.

Cada vez, otra vez,
siempre.

Dentro el frío
el hombre burbuja.
Como pez en el agua.

Disparo la palabra

Desde su atalaya,
disparo de plumas
proyectil latiente y vivo
relámpago de color
furtivo temblor de aire golpeado,
hacia su presa el pájaro se arroja.

Así también mi voz
-como pájaro-
busca tu corazón
para alojarse.

Disparo la palabra
desde lo alto;
desnuda la arrojo al aire
con su color
con su acento y su latido.

Para alcanzarte
y en ti ser presa.

Amapola del aire

 

Amapola

 

 

 

 

 

 

 

Amapola del aire
Boquita fresca,
¿dónde vas joven-niña
Por la vereda?

Los bermejos cabellos
El aire enreda
Y despierta a su paso
La yerba nueva.

Amapola del aire:
Tenue cadencia
De tus dos firmes muslos
Y piel de seda.

¿Dónde vas blanca niña
Con tu inocencia?
Por los ojos oscuros
La sangre apremia
Y es tu cuerpo el objeto
De su querencia.

Amapola del aire
Flor carmesí,
No mires esos ojos;
¡quédate así!