Broté del agua

Sé que nací del agua.
Que el viento impetuoso
en la mañana me alza
como ola.
Las apagadas cenizas
del sol de la tarde
son parte de mi alma.

Conozco los caminos
que recorren lejanos pinares
antes de haberlos pisado.
Respiro el polen.
Como las semillas
y me vuelvo tierra
al caer la noche.

En el fondo soy agua
y olor de algas.
Dolor de madera.
Cuerpo primitivo
que el tiempo corrompe.

Marinas esencias
recorren mis sienes.
Espumas, bramidos del agua
queriendo arrastrarme.
Soy suyo.
No puedo negarme.
No puedo negarte.

Me veo mirando
los ojos oscuros de brillantes peces.
Buscando una orilla,
queriendo ser aire.
Siempre ser yo y otro.
Y todos. Condición del hombre.

Perdón sí, pero no olvido.

Tras semejante zapatiesta -la ocasionada por su inapropiado viaje a Botsuana- el Rey se disculpa: “Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”.

Disculpas aceptadas, le honra su gesto. Pero dudo mucho que esto quede así. A muchos españoles no nos va a ser posible olvidar la decepción. Hay un daño real ocasionado a la Monarquía. Con esas 11 palabras no será suficiente. Menos ahora, en estos tiempos difíciles.

Aunque bastará otra noticia de impacto y el transcurso de unos días, para retirar el suceso de los titulares de la prensa, hay una imagen que no se nos borrará a muchos españoles; la tristeza que nos produjo ver el desamparo real pidiendo disculpas. ¿Estudiada puesta en escena? Quizá sea.

Olvido no.

Respetuosamente,

Este ciudadano acongojado.

El relevo

D. Juan Carlos I y el Príncipe D. Felipe de Borbón
El Rey Juan Carlos y el Príncipe Felipe (Vía: LVL /GTres)

El Titular de la Monarquía Constitucional Española ha sufrido un accidente. En Botsuana (África). De caza. De elefantes. A sus 74 años. Capricho de más de 40.000 euros. En esta España del desempleo y los recortes. ¡Vaya metedura de pata majestad! Con perdón.

Confieso mi simpatía hacia nuestro monarca. He sido Juancarlista; no especialmente monárquico, pero creo que el saldo de su representación y sus intervenciones es claramente positivo. No es que, como dice la canción, olvidé mil cosas buenas por una que salió mala, no. Es que últimamente a nuestra Monarquía se le amontonan los huéspedes incómodos y los desaciertos. Y el balance se resiente y nuestra opinión se duele.

Hay algo que no me cuadra, cuando recuerdo sus intervenciones recientes: reclamando credibilidad y prestigio de las instituciones, ejemplaridad y profesionalidad a los cargos públicos y sacrificios a todos los españoles. ¿La Casa Real está exenta también de esto? No se puede cuestionar su derecho al ocio y al descanso, pero su elección, en tiempo y forma, ha sido como mínimo decepcionante.

Lo vengo pensando desde hace bastantes meses, a raíz de verle cada vez más deteriorado físicamente en sus apariciones públicas; hay que saber retirarse. Esto no supone rendirse, es sencillamente lucidez. Que no le falte.

Estamos en la “zona de transferencia” y es momento de pasar el testigo.

Le deseo una rápida y total recuperación.

Respetuosamente,

Este ciudadano acongojado.

La Bicha

Cuando cerró la empresa en la que llevaba más de dos años trabajando y nos mandaron a todos los trabajadores a cobrarle al FOGASA, eran los tiempos de los “brotes verdes” de la era Zapatero. Ya habían transcurrido tres años conviviendo con la Bicha y algunos creímos haber superado sus peores años. ¡Ni de coña!

Desde entonces han inundado nuestras casas -nuestras vidas- toda una retahíla de términos, algunos desconocidos para el común de los mortales, que nos amenazan y quitan el sosiego. Los Mercados, la Recesión, la Deflación, las Bolsas, el Paro, los Embargos, los Desahucios, los ERES, los Concursos de Acreedores; forman parte del extenso diccionario de los partes de guerra en que se han convertido los Telediarios.

Con la casa llena de estos parientes incómodos, algunos sólo son inquilinos gorrones, nos faltaba la Prima de Riesgo. Esta señora tiene a bien crecerse cada vez que nuestros gobernantes toman drásticas medidas para sofocar a la Bicha. Cuanto más nos recortan a los ciudadanos en derechos, prestaciones y servicios más sube la Prima de Riesgo.

Con este panorama y ante la ineficacia de nuestros políticos: ¡a ver si va a resultar que los verdaderos Primos somos los ciudadanos!

Ya les vale.